martes, 27 de marzo de 2012

Las garrapatas se adaptan a la diversidad climática en España

Las garrapatas se adaptan a la diversidad climática en España - El ciclo de vida de las garrapatas se altera con cambios en el clima, en el hábitat o en el transporte de personas y mercancías. Estos parásitos y los patógenos que portan – peligrosos para la salud pública, la sanidad animal y la conservación– experimentan ahora modificaciones en su distribución geográfica y en su dinámica poblacional por los cambios en su entorno.
El estudio, que se ha publicado en Veterinary Parasitology, demuestra que, a pesar de las grandes variaciones climáticas en las diferentes regiones españolas, el riesgo de parasitación de los animales por las garrapatas es constante. La principal razón es que los parásitos se adaptan a las condiciones ambientales.
“La adaptación de las diferentes especies de garrapatas a las condiciones climáticas reinantes conlleva que los carnívoros de la península ibérica como lobos, zorros, garduñas y tejones, entre otros, sufran un riesgo de parasitación similar, aunque solo en el caso de garrapatas exófilas, con mayor capacidad de adaptación a ambientes áridos”, explica a SINC Francisco Ruiz-Fons, autor principal e investigador en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos de la Universidad de Castilla-La Mancha y CSIC.
En el caso de garrapatas endófilas, que habitan en nidos o madrigueras de hospedadores, el riesgo de los carnívoros ibéricos de ser parasitados es más “variable” porque estos parásitos están menos condicionados por el clima debido a sus hábitos de vida.

Firmes vectores de enfermedades

Según los investigadores, los cambios en las poblaciones de garrapatas provocan un riesgo importante para la vida silvestre española porque los parásitos introducen enfermedades exóticas e incrementan la prevalencia de patógenos endémicos.
“En la Península Ibérica el riesgo deriva sobre todo de los cambios en las prevalencias de patógenos transmitidos por garrapatas y en menor medida, aunque ello no signifique un bajo riesgo, la introducción de patógenos desde terceros países”, apunta Ruiz-Fons. Ejemplo de ello es el lince ibérico (Lynx pardinus).
El descubrimiento de la presencia de un patógeno del género Cytauxzoon en linces de la serranía de Andújar hace unos años generó una gran preocupación entre la comunidad  científica y los gestores de la conservación del lince ibérico. Los expertos temieron que se tratase de C. felis, un agente patógeno descrito en linces y pumas en el continente americano que causa gran mortalidad en gatos domésticos.
“Afortunadamente el hallazgo en España no correspondía con C. felis. Sin embargo, la posible introducción de C. felis en la Península podría suponer un riesgo para el lince ibérico”, advierte el investigador quien asegura que el intercambio de viajeros y mercancías con países en los que existen estos patógenos es “muy elevado y creciente por lo que estos riesgos pueden ser cada vez mayores”.

Parásitos peligrosos incluso para humanos

Humanos y animales domésticos y silvestres comparten multitud de enfermedades. El riesgo de que unas enfermedades pasen de unos a otros aumenta con los cambios en los ecosistemas y en las poblaciones de animales silvestres, y con el contacto entre personas y animales domésticos.
“En la Península Ibérica algunos patógenos zoonóticos transmitidos por garrapatas son ya endémicos en ciclos silvestres y tienen repercusión sobre el ganado y los animales de compañía”, afirma Ruiz-Fons. Sin embargo, los científicos aún desconocen de qué manera los cambios en la fauna afectan al riesgo de ser realmente infectado.
Pero ya hay algunas evidencias: “El descubrimiento reciente del virus de Crimea-Congo en garrapatas recolectadas de ciervo en Cáceres demuestra que existe un riesgo de conexión entre ciclos silvestre, doméstico y humano que merece la pena ser estudiado”, concluye el experto.

Fuente Agencia Sinc

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