miércoles, 23 de mayo de 2012

En la boca de la ballena azul descubren un órgano para coordinar sus tragos

Un trabajo norteamericano describe la función del órgano descubierto en los rorcuales. Imagen: Carl Buell (Institución Smithsonian).
Científicos norteamericanos han descubierto en la boca de la ballena azul y otros rorcuales un órgano antes desconocido que explica la biomecánica de sus bocados. “Es una cavidad llena de gel en la barbilla del rorcual y situada entre las dos mandíbulas, que están separadas y no fusionadas”, describe a SINC Nicholas D. Pyenson, investigador del Instituto Smithsonian (EE UU) y autor principal del trabajo que esta semana se publica en Nature.
La característica principal de este linaje de mamíferos son los pliegues que doblan la piel de su garganta y de su vientre. Como un acordeón, estiran rápidamente el pellejo para tragar grandes cantidades de agua de la que pescan los invertebrados marinos que componen su dieta.
El órgano sensorial permite a la ballena azul coordinar sus seis metros de mandíbulas, que abre y cierra en tan solo 10 segundos. Movilizar tal retahíla de dientes supone un coste biomecánico elevado, pero la estrategia resulta energéticamente eficaz.
Según Pyenson, las ‘bocanadas’ “activan pequeños receptores en la cavidad llena de gel que registran los movimientos de la mandíbula y la expansión de la bolsa en la garganta”. Los científicos han desarrollado un modelo matemático basado en “la física del paracaídas” para predecir la coordinación de los grandes bocados del rorcual.
Gracias al nuevo órgano sensitivo, “los rorcuales se alimentan de esta forma que les ha permitido evolucionar y tener un cuerpo tan grande”, dice Pyenson. Los investigadores interpretan que el órgano está implicado en otros procesos de coordinación que facilitan su alimentación, como la detección de la presa.

Tecnología a su medida

Debido a las dimensiones de los rorcuales, para el estudio fue necesario procesar imágenes por secciones con las mayores máquinas de tomografía computerizada (TC) del mundo, que habitualmente se usan para escanear troncos de árboles gigantes.
“Vimos diferencias en la densidad de los tejidos, entre las que destacó la posición del hueso relativo a la estructura ósea externa del órgano”, describe Pyenson. A continuación, escanearon el mismo tejido con resonancia magnética (MRI) para “resolver las conexiones de los vasos sanguíneos y nervios del órgano”.

Fuente Agencia Sinc

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