jueves, 17 de mayo de 2012

Los "Bosques azules" para luchar contra el cambio climático

Las praderas submarinas forman arrecifes, como éste en una pradera de Posidonia oceánica en Formentera. La recuperación de los sumideros oceánicos de carbono, como praderas submarinas, marismas o manglares, contribuiría a reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y paliar así los efectos del cambio climático. EFE/Carlos M. Duarte
Los "bosques azules" o praderas marinas del Mediterráneo, poseen un "gran" potencial para atrapar dióxido de carbono y luchar contra el calentamiento global -superior a la selva amazónica- y abren una nueva puerta al crecimiento económico.
Así lo refleja un estudio científico presentado hoy en unas jornadas organizadas por el Centro de Cooperación del Mediterráneo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, con sede en Málaga.
El informe sobre las praderas de posidonias oceánicas en el Mediterráneo -bautizadas así en honor al dios Poseidón y su contribución contra el cambio climático calcula que pueden ser responsables del 40 % del carbono almacenado cada año por la vegetación costera.
Además, estima que -según la cotización actual (2011) en el mercado de carbono- la cantidad atrapada de CO2 por estas plantas valdría entre 3 y 45 euros/metro cuadrado, es decir entre 17 y 250 veces más que los bosques tropicales.
El esencia, los mercados de carbono consisten en créditos que percibe un país o sus industrias por descontaminar.
El Protocolo de Kioto contra el cambio climático contempla este mecanismo (denominado de desarrollo limpio) para los bosques, de modo que los países que reforestan o no talan sus árboles reciben un pago a cambio.
El carbono almacenado por la vegetación litoral (carbono azul) no está incluido en dicho acuerdo, cuyo primer periodo de vigencia expira en 2012.
El informe se refiere, entre otros, al caso concreto de las Baleares -rodeadas de praderas de poseidonia oceánica muy extensas y de gran exuberancia-, y apunta a que en el mercado global de carbono, el valor de sus stocks rondarían los 4.000 millones de euros (unos 6 euros/metro cuadrado).

Atrapar dióxido de carbono

De acuerdo con el trabajo científico presentado hoy, las praderas marinas poseen "un potencial considerable" para atrapar dióxido de carbono.
Y "ahora que la importancia de los créditos de carbono va en aumento en la lucha contra el cambio climático, se está prestando una atención creciente a los ecosistemas marinos y a sus posibilidades".
Conviene, por tanto, proteger y gestionar los ecosistemas costeros naturalmente activos para fijar y extraer el carbono (zonas marítima-terrestre, manglares y praderas) con el fin de que permanezcan como sumideros de carbono eficaces e incluso aumentar ese potencial de secuestro.
Actualmente, la biodiversidad en el Mediterráneo se está viendo reducida debido a las presión humana, la introducción de especies foráneas y al cambio climático.
"Tales presiones son ahora proporcionalmente mayores que en ningún otro lugar del océano global; además de la intensidad de esas presiones, es de especial relevancia la velocidad a la que están apareciendo".

Presión demográfica, vertidos y sobreexplotación

La fuerte presión demográfica, los vertidos de residuos urbanos e industriales, el cambio climático y la sobreexplotación de los recursos vivos, hace "peligrar" el patrimonio natural de este mar, añade el estudio.
La Posidonia oceánica (endémica) forma amplias praderas en toda la cuenca mediterránea, excepto el extremo sureste.
Desempeña un papel importante desde el punto de vista ecológico, sedimentario y económico; constituye también un potente indicador de la calidad de las aguas y juega una función decisiva en la fijación del carbono.
De acuerdo con los científicos, la regresión de las praderas es un fenómeno que se observa desde hace décadas, aunque su grado de afectación varía en función de las especies y de las zonas geográficas.
Las principales regresiones observadas en el Mediterráneo están asociadas a la modificación de la línea de costa, a la gestión de los recursos vivos (pesca y acuicultura), al vertido de residuos, al desarrollo de actividades recreativas y el turismo (cruceros), y a la introducción de especies exóticas.

Carbono acumulado

Si bien su papel como sumidero de carbono es significativo, del estudio científico se desprende que su verdadero interés en el ciclo global del carbono reside en el gran stock de carbono acumulado durante miles de años.
"Los esfuerzos deberían pues centrarse de forma prioritaria en la conservación de estos depósitos para evitar un eventual retorno a la atmósfera del carbono que contienen", concluye.
Las jornadas se enmarcan en el proyecto Life +Posidonia Andalucía, que coordina la Consejería de Agricultura y Pesca y Medio Ambiente de la Junta, y en el que participan, además de la UICN, entidades como la Federación Andaluza de Cofradías de Pescadores y Conservación, Información y Estudios sobre Cetáceos (CIRCE).

Fuente EFE Verde

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