lunes, 29 de abril de 2013

Egipto y el tráfico ilegal de animales

Dos primates en el zoo de Guiza, en El Cairo (Egipto), lugar al que son trasladados muchos de los animales incautados en este país tras haber sido introducidos de manera ilegal. Las redes de tráfico ilegal han hecho de Egipto uno de los principales puertos de salida de esos y otros animales pese a los esfuerzos por combatirlo. Es una de las rutas más habituales entre los traficantes en el continente africano, según un estudio del programa de las Naciones Unidas para la supervivencia de los grandes simios (GRASP, en inglés). EFE/Belén Delgado
Egipto y el tráfico ilegal de animales - Los primates pueden ser originarios de África, pero nunca de Egipto. Sin embargo, las redes de tráfico ilegal han hecho de este país uno de los principales puertos de salida de esos y otros animales pese a los esfuerzos por combatirlo.
¿Cómo puede, por ejemplo, un gorila de la República Democrática del Congo acabar de contrabando en China o Europa? Sería cuestión de trasladarlo a Nigeria o Kenia, y de ahí a Sudán y Egipto, donde pasaría a ser embarcado hacia alguno de esos dos destinos finales.
Esa es una de las rutas más habituales entre los traficantes en el continente africano, según un reciente estudio del programa de las Naciones Unidas para la supervivencia de los grandes simios (GRASP, en inglés).
En ese oscuro negocio que se calcula despoja anualmente de las selvas de África y del Sudeste Asiático a unos 3.000 de esos primates, el aeropuerto de El Cairo comparte con los de Conakry, Johannesburgo y Yakarta el dudoso honor de ser una vía clave para sacar esos animales al mercado ilegal.
Para su documental "Cairo Connection", el fotógrafo suizo Karl Ammann se dedicó a seguir la pista de una familia egipcia que durante décadas introdujo simios de África central en Oriente Medio.
En conversación telefónica desde Kenia, Ammann explica a Efe que numerosos árabes acaudalados del Golfo suelen comprar para sus colecciones privadas esos animales, que cada vez más se introducen en Egipto por tierra desde Libia.
El ambientalista también denuncia en la cinta la situación ilegal de algunos zoos privados del Sinaí egipcio, a pesar de que eso le costara que le robaran su cámara para arrebatarle pruebas comprometedoras.
Si los chimpancés son pieza preciada del comercio ilegal, también lo son los halcones (como los diecisiete incautados el año pasado en el aeropuerto cairota), las tortugas del mar Rojo, los caballitos de mar, las serpientes y otras tantas especies exóticas.
Uno de los últimos sucesos más llamativos fue el aterrizaje de emergencia de un avión que cubría la ruta El Cairo-Kuwait porque una cobra mordió a un ciudadano jordano que la llevaba escondida en su equipaje de mano.

Si hay una mercancía irresistible para las redes de tráfico ilegal, esa es el marfil.
Un informe del programa ecologista Traffic reveló en 2012 que Egipto seguía siendo uno de los mayores mercados africanos en los que hallar productos elaborados con colmillos de elefantes sin el permiso reglamentario.
En los meses siguientes a la revolución del 25 de enero de 2011, que desbancó del poder a Hosni Mubarak, los investigadores encontraron más de 8.000 piezas de marfil en lugares de la capital egipcia como el zoco de Jan al Jalili, foco de atracción turística.
"La mayoría de esas piezas (en ese bazar) no son de marfil original, sino de huesos de camellos y plástico, ya que el marfil está oculto", asegura a Efe el director general egipcio de Servicios de Vida Salvaje, Ragy Toma.
El responsable admite que antes de la revolución se llegaron a decomisar hasta tres toneladas de marfil, si bien ahora solo tiene constancia de algunas confiscaciones.
En los casos de tráfico ilegal de animales, recuerda, los seres vivos se envían al zoo y los demás productos, a los museos; mientras que al infractor se le impone una multa de hasta 7.200 dólares.
Egipto es uno de los 178 países que han firmado la convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora, más conocida como CITES, que en su última cumbre de marzo tildó las mencionadas prácticas ilegales de "crímenes contra la vida silvestre".
Toma argumenta que están implantando la normativa con oficinas especiales y que a los nueve zoos gubernamentales se suman otros cinco centros de acogimiento que cumplen distintos requisitos.
"Hay una ignorancia tremenda sobre las leyes de protección de especies", subraya -en cambio- la reconocida defensora de animales Dina Zulfikar.
A su juicio, pueden obtener licencias para tener determinados ejemplares investigadores, circos y zoos públicos o privados, que en la práctica "escapan" del control de las autoridades.
Además de reclamar que especies incautadas como los simios vuelvan a sus lugares de origen, como establece la ley, Zulfikar cree que se necesitan más restricciones al tráfico ilegal. Pero tras muchos años batallando, es consciente de que nada a contracorriente: "Siempre que haya demanda, va a haber mercado".

Fuente EFE Verde

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