miércoles, 15 de mayo de 2013

Un acusado de imprudencia temeraria en Chile por cancelar alerta de tsunami en 2010

Una fiscal chilena que indaga los errores cometidos por las autoridades en el terremoto y tsunami del 27 de febrero del 2010 en Chile, acusó hoy al funcionario del Servicio Hidrográfico y Oceanográfíco de la Armada (SHOA), Andrés Enríquez, de "imprudencia temeraria" al cancelar la alerta de maremoto.
"Él asume el rol de asesor principal. Participa en la sesión de cancelar la alerta de tsunami, lo que se concreta a las 04.49 horas (08.49 GMT), acción que es ejecutada con imprudencia temeraria", subrayó la fiscal Solange Huerta durante la segunda jornada de audiencias que analiza el sobreseimiento de cuatro de los ocho imputados, según ha informado EFE Verde.
Huerta añadió que la decisión de Enríquez la tomó pese a que la información sísmica, la información del momento sísmico y las alteraciones significativas del nivel mar, eran concluyentes que el maremoto estaba en curso.
La fiscal investiga los errores de descoordinación que provocaron que el 27 de febrero de 2010 no se emitiera una alerta de tsunami tras el terremoto de 8,8 grados de magnitud Richter ocurrido a las 03.34 horas de aquel día.
Huerta explicó en la audiencia que Enríquez era el hombre más capacitado en Chile en el tema de los tsunamis y aseguró que en él se invertieron fondos públicos para su especialización en distintos seminarios del mundo y un magíster en Estados Unidos.

Críticas

Tanto la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) como el SHOA han recibido fuertes críticas por su actuación tras el cataclismo de febrero de 2010, que dejó 526 muertos, 800.000 damnificados y 30.000 millones de dólares en pérdidas, equivalentes al 18 % del Producto Interno Bruto (PIB) chileno de entonces.
En 2011, la fiscal Huerta imputó a ocho exfuncionarios, entre ellos el subsecretario del Interior Patricio Rosende y la exdirectora de la Onemi, Carmen Fernández por no alertar a la población del peligro que existía.
El tsunami que se registró después del terremoto, que liberó una energía equivalente a 100.000 bombas de Hiroshima y está considerado el quinto más grande de la historia, causó 156 muertos y 25 desaparecidos.

Bachelet

En 2010, se dio a conocer un vídeo grabado en las dependencias de la Onemi en el que se refleja la descoordinación que se registró en las horas posteriores al terremoto entre las autoridades, incluida la entonces presidenta, Michelle Bachelet, y los mandos militares.
La entonces mandataria pidió un helicóptero para viajar a las zonas más afectadas y la Fuerza Aérea tardó cinco horas en proporcionarle uno.
El pasado 10 de mayo, la justicia chilena admitió a trámite una querella por denegación de auxilio contra Bachelet, actual precandidata presidencial, por la fallida alerta de tsunami.
Al regresar en marzo a Chile tras dirigir durante dos años y medio en Nueva York la ONU Mujeres, y romper el silencio que mantuvo durante ese tiempo, Bachelet defendió su actuación frente a la catástrofe, indicó que no contaban con información fidedigna y cuando fue interpelada al respecto, evitó pedir perdón a los familiares de las víctimas.
Para hoy, cuando se completen todos los alegatos, se espera que el juez Ponciano Salles resuelva sobre el sobreseimiento por cuatro de los ocho procesados por este caso.

El Terremoto de Chile de 2010 fue un sismo ocurrido a las 03:34:08 hora local (UTC-3), del sábado 27 de febrero de 2010, que alcanzó una magnitud de 8,8 MW. El epicentro se ubicó en el Mar chileno, frente a las localidades de Curanipe y Cobquecura, cerca de 150 kilómetros al noroeste de Concepción y a 63 kilómetros al suroeste de Cauquenes, y a 30,1 kilómetros de profundidad bajo la corteza terrestre.2 El sismo, tuvo una duración de 3 minutos 25 segundos, al menos en Santiago y en algunas zonas llegando a los 6 minutos. Fue percibido en gran parte del Cono Sur con diversas intensidades, en lugares como Buenos Aires y São Paulo por el oriente.
Las zonas más afectadas por el terremoto fueron las regiones chilenas de Valparaíso, Metropolitana de Santiago, O'Higgins, Maule, Biobío y La Araucanía, que acumulan más de 13 millones de habitantes, cerca del 80% de la población del país. En las regiones del Maule y del Biobío, el terremoto alcanzó una intensidad de IX en la escala de Mercalli, arrasando con gran parte de las ciudades como Constitución, Concepción, Cobquecura y el puerto de Talcahuano. Además, el centro de las ciudades de Curico y Talca (su casco histórico) quedó destruido casi en su totalidad. En las regiones de La Araucanía, O’Higgins y Metropolitana, el sismo alcanzó una intensidad de VIII provocando importante destrucción en la capital, Santiago de Chile, en Rancagua y en las localidades rurales. Las víctimas fatales llegaron a un total de 525 fallecidos. Cerca de 500 mil viviendas están con daño severo y se estiman un total de 2 millones de damnificados, en la peor tragedia natural vivida en Chile desde 1960. La presidenta Michelle Bachelet declaró el “estado de excepción constitucional de catástrofe” en las regiones del Maule y del Biobío.
Un fuerte tsunami impactó las costas chilenas como producto del terremoto, destruyendo varias localidades ya devastadas por el impacto telúrico. Debido a errores e indecisiones por parte de los organismos encargados de enviar la alarma de tsunami, no se alertó a la población acerca del evento que ocurriría 35 minutos después del terremoto. El archipiélago de Juan Fernández, pese a no sentir el sismo, fue impactado por el violento tsunami que arrasó con el único poblado, San Juan Bautista. El Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico generó pocos minutos después del terremoto una alerta de tsunami para el océano Pacífico, que se extendió posteriormente a 53 países ubicados a lo largo de gran parte de su cuenca, llegando a Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, la Antártida, Nueva Zelanda, la Polinesia Francesa y las costas de Hawái.
El sismo es considerado como el segundo más fuerte en la historia del país y uno de los seis más fuertes registrados por la humanidad. Sólo es superado a nivel nacional por el cataclismo del terremoto de Valdivia de 1960, el de mayor intensidad registrado por el ser humano mediante sismómetros. El sismo chileno fue 31 veces más fuerte y liberó cerca de 178 veces más energía que el devastador terremoto de Haití ocurrido el mes anterior, y la energía liberada es cercana a 100.000 bombas atómicas como la liberada en Hiroshima en 1945.

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